Fue en 2013 que el mundo conoció el nombre de Edward Snowden, un joven estadounidense de apenas 30 años, que se desempeñaba como consultor tecnológico y empleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Snowden es identificado como el responsable de la mayor filtración de inteligencia en la historia, lo anterior al hacer público a través de los periódicos The Guardian y The Washington Post, documentos sobre programas de vigilancia masiva, entre ellos PRISM y XKeystore. La revelación, evidenció que el gobierno estadounidense tenía la capacidad de leer correos electrónicos, escuchar llamadas, revisar transacciones y revisar casi cualquier aspecto de la vida privada de los ciudadanos a lo largo del mundo.

Lo anterior gracias a un sistema de espionaje estadounidense que gestionaba una especie de puertas traseras instaladas en las principales compañías tecnológicas internacionales. La justificación ante tal invasión privada radicó en lo ocurrido el 11/09 durante el atentado a las Torres Gemelas, ya que el gobierno estadounidense consideró que no se debía bajar la guardia. Así que en lugar de formar un ejército tradicional, se cimentó un grupo de inteligencia que se apoyaba en las tecnologías. No se trataba de procesos clandestinos, sino de un rediseño en el trabajo de inteligencia en el que los datos cobraron un sentido vital.

Snowden ayudó en el rediseño de inteligencia y en la construcción de una red masiva oculta en Japón, que operaría como respaldo de seguridad para garantizar que los datos de la red central no se perdieran en caso de cualquier ataque. Al principio para el joven tecnólogo, era un reto profesional idear y desarrollar novedosas arquitecturas, sin embargo su visión del macroproyecto era compartimentada, es decir, no vislumbraba el objetivo y alcance de su labor. Hasta que un ascenso como enlace técnico, le permitió comprender que todo el tiempo había estado contribuyendo con un sistema de vigilancia masiva internacional. La información además de consultada, almacenada y revisada, funcionaba como un engranaje a gran escala que atentaba contra la libertad y la propia constitución.

Justo en esa reflexión, es que Edward se vuelve consciente y decide hacer pública la situación, lo que sacudiría la geografía digital e inclusive, abriría un cuestionamiento que al momento sigue vacío: ¿de qué manera se puede regular Internet? –Asumiendo que ello sea necesario- e inclusive, ¿dónde están los límites que bordean la conexión de lo privado y lo público?, sumado a los marcos axiológicos y a los principios ético-morales. El caso Snowden más allá de ser un escándalo y la prueba de un secreto a voces sobre las estrategias políticas de Estados Unidos son impersonales, sus análisis no contemplan a la comunidad, al individuo, a las relaciones personales o a los nombres. Se trata de datos, de flujos, de operar como un narrador omnisciente, ese que nunca vemos pero está ahí, viéndonos desde una mirilla escondida.

6 años después, llega Vigilancia permanente (Permanent record, por su título en inglés), el libro que este 17 de septiembre, nos presentó la odisea personal de Snowden, esa delgada inflexión entre su capacidad e innegable talento para crear tecnología y la violación a la intimidad que su talento suponía. La historia constante entre el héroe y el villano, definida por una decisión y leída de forma subjetiva por quienes le consideran un traidor a la patria o un activista digital. El libro narra cómo cada noche, durante varios meses Edward usaba como coartada sus horas extras de trabajo para copiar documentos confidenciales de los servidores a una memoria SD, que ingeniosamente escondía en un cubo de Rubik.

Sí, parece una película, pero es más bien una tarea arriesgada, estaba oponiéndose a una de las instituciones más seguras del planeta, la encargada de antecederse a criminales y terroristas. Una estrategia de Caballo de Troya, que de ser descubierta, implicaría su pase directo a la cárcel y un fallo absoluto, para contar el secreto al mundo. A decir de Vigilancia permanente, su autor había acumulado siete años de razones para defender a los millones de ciudadanos que sin saberlo, eran escuchados y leídos, entre mails, chat de Facebook o hasta videos.  

El libro es una biografía entre las peripecias de los archivos copiados, la decisión de hacerlos públicos, la vida en Rusia, las solicitudes de asilo político y la historia de un niño amante de los videojuegos, que consiguió el trabajo de su sueños para darse cuenta de que eso solo era una utopía. Publicado por editorial Planeta en más de 20 idiomas, Vigilancia Permanente evidencia que la pasión que Internet inspiró en Snowden, por momentos se transformó en hastío y vulnerabilidad, luego en la etiqueta entre un hacker espía y el soplón de la CIA.

Tanto Edward como la editorial, han sido demandados por el gobierno, alegando la violación de los acuerdos de no divulgación que el exagente firmó con la CIA y la NSA. El departamento de justicia, precisó no desea limitar la distribución del libro, pero sí pretende quedarse con las ganancias del texto. Para ello incluyó a la editorial, de este modo el gobierno garantiza que ningún fondo sea transferido al autor mientras el caso se desahoga. No hay una conclusión frente al texto, sin embargo, desde el ObservatorioTIC, se considera que Vigilancia permanente es un documento importante para iniciar cuestionamientos en torno a la visión multistakeholder.