Una de las características de vivir en la época actual, es el uso constante de tecnología y en un nivel que trasciende cualquier escenario. De ahí que el uso de dispositivos móviles o cualquier gadget, sea tan cotidiano, inclusive como parte del ejercicio de la crianza. La investigadora Alejandra Corona (2019) por ejemplo, revisó a través de su obra Huérfanos Digitales, el fenómeno de la crianza en padres que son nativos digitales. Un huérfano digital es aquel menor criado por un adulto que concibe a las tecnologías como una parte fundamental en su vida y por ende prioriza el tiempo de Internet, videojuegos o redes sociales.

Para Corona (2019), los huérfanos digitales tienen cubiertas sus necesidades básicas, desde casa hasta médico, van a la escuela y su calidad de vida no presenta conflictos. Sin embargo tienen limitaciones de apego, atención e inclusive cariño, pues aunque los padres están presentes físicamente, existe una ausencia de concentración e involucramiento. Algunos adultos, por ejemplo, cuando están frente a la computadora o el smartphone, le hacen saber a los niños que están ocupados y es de este modo que los niños asocian que no deben interrumpir.

Por otro lado, el estudio de McDaniel y Rodesky (2017), efectuado en las Universidades de Illinois y Michigan, analizó a más de 200 familias para identificar las afectaciones que existen entre padres e hijos por sobreexposición tecnológica. Los autores proponen el término tecnoinferencia (del anglicismo technoference) para referirse a las barreras que los adultos generan a través de la tecnología y que interfieren en los procesos de socialización familiar.

El estudio da cuenta de que 9 de cada 10 padres que emplean tecnología en presencia de los menores pueden causar tecnoinferencia, e inclusive se evidencia que algunos padres dotan a sus hijos de dispositivos móviles a edades tempranas como una medida de control que sustituye a los juegos que requieren su atención. Hecho que se reitera cuando se observa que los niños prefieren el celular o la tableta en lugar de un juguete. Esta situación es similar a lo ocurrido con la televisión.

La sugerencia es establecer horarios que regulen el tiempo que destinamos al uso de dispositivos y además, generar un criterio personal que eventualmente se traduzca en cultura digital. Las tecnologías no son algo positivo o negativo en sí mismas, dependen de la carga sociocultural que le otorgamos.