La primera vez que el concepto narrativa transmediática se colocó en la esfera contemporánea fue de la mano de Henry Jenkins, en el artículo Transmedia storytelling (2003) publicado por Technology Review del MIT. Jenkins hacía alusión a las nuevas experiencias narrativas que el cine, los libros e inclusive los videojuegos  empleaban como recursos para lograr procesos complejos de inmersión. Es decir, somos una sociedad que necesita contar historias, desde los cuentos que nos leen para arrullarnos antes de ir a la cama, hasta las leyendas urbanas que nos generan escozor cuando estamos sin compañía; nos contamos historias para desarrollar sentido de pertenencia e identidad.

Hoy estamos en un ecosistema de posibilidades para narrar, hay quienes se refieren a estas opciones como cross-media, multimedia o multimodalidad. Pese a las distinciones conceptuales, hay un punto de convergencia: mundos narrativos que transversalizan medios y plataformas. Sobre estas últimas, podemos decir que Internet ha sido espléndido. Nos ha dotado, como lo dice el libro Converge culture (2006) de blogs, cómics, videos, wikis, recursos 3D e inclusive música 4K. De manera que un solo recurso puedes tenerlo en audiolibro, en una película, en la banda sonora, en una serie, en una novela gráfica interactiva o en un videojuego.

La narrativa transmediática construye mundos en diferentes medios y entornos, lo que evidencia en palabras de Marshall McLuhan, que el medio es el mensaje y, siendo un poco atrevidos, pudiéramos decir que el medio también transforma al consumidor. El consumidor es más bien un prosumer que consume y crea (para muestra YouTube), que pasa de lector, a televidente, a usuario o a personaje si así lo desea. Esta convergencia narrativa amplia posibilidades, nos hipertextualiza, nos confronta con narratología, ludología, semiótica y, para quienes se dedican a la enseñanza… ¡Ha llegado la hora de hacer de la clase un espectáculo!

Ni por un segundo nos referimos a una puesta en escena que obligue al docente a ser quien no es, sino a reconfigurar la forma en que narra su conocimiento. He aquí la urgencia de acceso a herramientas que contribuyan a captar la atención de forma eficaz, Genially, por ejemplo. Esta plataforma permite elaborar elementos interactivos, funciona bajo la premisa de que nuestro cerebro está preparado para consumir contenidos audiovisuales ya que el 90% de la información que procesamos llega a través de la vista.

Genially reconoce que los contenidos visuales son más fáciles de asimilar que el texto, ya que según estudios de la propia plataforma, el cerebro solo tarda alrededor de ¼ de segundo en procesar un símbolo. Mientras que aproximadamente 6 segundos en leer un texto de entre 20 y 25 palabras. Además hay cuatro componentes en los que se apoya para potenciar la experiencia transmediática:

 

Por ello, desde hace un par de semestres, Genially ha sido una de las herramientas que se emplean en las Jornadas Académicas Universitarias como parte de la iniciativa Agentes TIC. Decenas de profesores se han sumado a crear sus materiales aúlicos bajo este esquema, crean contenidos reconsumibles y portables para ser colocados en plataformas educativas o inclusive, para enviarse a través de redes sociales. Si quieres saber más sobre este recurso, te invitamos a visitar ExploraTIC, allí encontrarás los básicos para el manejo de Genially. Como docente, te invitamos a sumar el enfoque transmediático en el proceso de enseñanza-aprendizaje.